Un escritor frustrado, dentro

Corría la primavera del año 1999. Unos años antes había obtenido dos premios literarios, por lo que seguí escribiendo al amparo del reconocimiento, pensando que todo lo que escribiera en adelante iba a tener necesariamente el favor del público. Era extraño que en aquel momento no cayera sobre mi cabeza ni una sola gota de pesimismo. Había empezado una serie de días buenos y pensaba que jamás llegarían a acabarse. Estaba enloquecido, a veces lloriqueando de emoción, tocando la felicidad con la mano. Nada era tan fuerte como para obstaculizar la carrera que había iniciado, soñaba con ser un escritor más o menos bueno. Los nubarrones de la vida, tantas veces tendidos sobre mi cabeza, se habían disipado por completo. Nunca llovía sobre mí más de lo necesario para que florecieran las ideas que llevaba dentro (continuar).

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