Ikomar y las ermitas de Arguiñano

Dos ermitas han existido desde tiempos remotos en el término de Arguiñano. Una dedicada a San Miguel, a corta distancia del pueblo, de ahí que aún conserve un camino con el nombre de “Camino de San Miguel”. Los antepasados debieron de tener mucha devoción a este santo, aún hoy en día recorre algunos pueblos del Valle, entre ellos Arguiñano, durantes varios meses, antes de ser ubicado de nuevo en el santuario de su nombre en Aralar. Hay una réplica del santo en la iglesia de Arguiñano. Al parecer, esta ermita estuvo en pie hasta finales del siglo XIX, pero hoy en día no quedan más que algunos vestigios que dan el testimonio de su existencia en otros tiempos. En al año 1801 fue visitado por el obispo, lo encontró en malas condiciones y prohibió hacer celebraciones en ella. Hay constancia de que dicha ermita ya existía en 1572. Haciendo referencia a un toponímico reza así una escritura: “es delante de sant Miguel, hermita del lugar de Arguiñano”

La otra está dedicada a la Virgen del Camino. Se encuentra junto al cementerio, muy cerca del pueblo, por donde subía la antigua calzada romana hacia la sierra. En una escritura de 1475 se dice “Cabo Sancta María”, es decir, junto a la ermita. En 1683, vemos “Andredonemarialdea”, es decir, “junto a la Señora Santa María”

Fuera del término de Arguiñano, en plena sierra, se halla la ermita de Ikomar: Anunciación de Nuestra Señora. Allí se celebraban misas para los pastores que cuidaban lo rebaños en los pastos de Andia. No se sabe cuándo se construyó, pero el motivo parece estar claro: por un lado, la calzada romana que ascendía de Arguiñano, cruzando la sierra, era camino de la Barranca y Gipuzkoa. Eso casi exigía que hubiera un lugar de descanso. En segundo lugar, de mayo a septiembre numerosos rebaños de ovejas pacían en esos terrenos anchos y amplios, y los pastores se hallaban lejos de cualquier pueblo para poder cumplir con las obligaciones religiosas.

Se ven aún las ruinas de la ermita. Parece como dividida en dos partes; bien pudieran ser la propia ermita y el cobertizo para los pastores. Justo debajo de la ermita hay dos fuentes, protegidas del acoso de los animales. Al borde, se puede ver un árbol frondoso donde, según Isidoro Ursúa, en otros tiempos era el lugar de rezo de los pastores llegados de cualquier punto de Navarra. Próximas al lugar hay unas balsas constantemente visitadas por el ganado en su afán de matar la sed que tan mala compañera es tanto para los animales como para los humanos.

Hay una anécdota o leyenda en relación a la Virgen de Ikomar (contada ya varias veces, pero no por eso menos interesante) donde estuvieron implicados los pueblos de Arguiñano e Iturgoyen. Por lo visto, era un continuo discutir a cuál de estos pueblos pertenecía La Anunciación. No hubo manera de ponerse de acuerdo, hasta que un día fijaron un reto en estos términos: un hombre debía de salir de Iturgoyen y otro desde Arguiñano, quien llegara antes se llevaría la imagen a su pueblo. No hemos podido averiguar quién representaba a Iturgoyen, pero hemos identificado al representante de Arguiñano. Nos referimos a Eusebio Echeverría, cabrero del pueblo.

Hoy la Virgen de Ikomar descansa en la iglesia de Arguiñano gracias al esfuerzo del citado cabrero, pero siempre preservando el derecho de los “iturgoiendarras” a visitar a la “Amatxo” de todos y rezar ante ella.

(cf. Guesálaz, pueblo a pueblo; Isidoro Ursúa)

 

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