Cuando el camino del hombre está tan trillado como determinado

Nos quieren hacer creer que somos libres. Los líderes, tanto políticos como religiosos, se han quedado sin voz de proclamar la libertad a los cuatros vientos. Sin embargo, nos encontramos encadenados en muchísimos aspectos de la vida, por esos mismos que predican la libertad. Hay un objetivo mundial generalizado de crear necesidades y producir a bajo precio para cubrir esas necesidades. Muchas personas están llamadas al “éxito”, que consiste dar buenos dividendos a los dueños de las empresas y de los bancos, sin que su conciencia sufra lo más mínimo por los miles y miles de personas humanas que el sistema ha condenado a la miseria perpetua y se les ha arrebatado la dignidad. 

El niño nace en una familia. Y de libre ¡nada! Esa familia, de acuerdo con las creencias más destacadas, inculcará en el niño sus valores y, también, sus frustraciones y proyecciones. La familia tratará de enseñar y transmitir de forma acrítica las ideologías que a su vez recibió de sus antepasados, sin perjuicio de los cambios que ha ido aceptando a regañadientes por el avance del tiempo y la ciencia. Los padres y el entorno familiar van formando en el niño una conciencia que no es “la suya”. Se elaboran listas, o ya están elaboradas, de lo que está bien y de lo que está mal. Se le ofrece un camino de actuaciones que lo conducirán al “bien” máximo y recibirá recompensa. Se le pondrá en la atalaya del abismo y se le mostrará la perdición que representa, el castigo que deberá soportar, etc. En definitiva, el niño al nacer es una tábula rasa, pero lo inflamos de “contenido” en poco tiempo.

Deberá ser el mejor de la clase, obtener las mejores calificaciones, ocupar los mejores puestos en el futuro y así triunfar ante el mundo y ante los suyos, sin importarle los que se queden en la cuneta. Se crea en el niño un ego devastador, agresivo, haciendo gala de un egoísmo exacerbado. El niño hará preguntar sobre la sexualidad y, en lugar de contestarle adecuadamente, se le impondrá una moral sexual restrictiva y reprimida, donde la culpabilidad jugará un papel importante. Cuando llegue al período de discernimiento no podrá estudiar lo que le gustaría. Habrá pegas de todo tipo. En algunos casos, al no obtener la calificación requerida, no podrá estudiar la carrera que le gustaría; en otros, no dispondrá de medios económicos, etc.

El Gobierno dirá que garantiza la igualdad de oportunidades. No es más que una falacia. Hay ricos que no necesitan becas e irán adonde quieran a estudiar. Hay menos ricos que dispondrán de becas y estudiarán en universidades públicas, pero hay pobres que no podrán acceder a las becas porque no pueden hacer frente al gasto que sobrepasa la beca. Los pobres, si tienen suerte, empezarán a trabajar antes que los ricos y los de la clase media, con la gran paradoja de que los pobres estarán pagando los estudios de los pudientes (pudientes en sentido de que pueden), como va a ocurrir con el rescate de la Gran Banca, mientras los desahucios a los parados siguen su camino, vergonzoso camino. Y pregunto yo: ¿no se puede rescatar a los que han perdido el empleo?

He oído que a los futbolistas de la Selección les vamos regalar 300.000 euros cada uno si ganan la Copa de Europa. Me indigna oír eso con lo que está cayendo. ¿No bastaría con 30.000 euros a cada uno? Y otra vez los pobres, con sus impuestos, a pagar a los ricos porque todos los que juegan en la Selección son ricos. No me digan que la naturaleza les ha hecho afortunados. Lo que les ha hecho afortunados es la cultura que se ha ido creando que premia un tipo de talento (en general deportistas de élite de algunas especialidades) y se olvida totalmente de otra gente muy valiosa y necesaria para el mundo planetario.

Es difícil escapar de las trampas que nos tiende esta sociedad de culto al ego, a través de la publicidad y la televisión o la publicidad en televisión. Nos vende todo lo que desea y nos vende en formato “felicidad”. Estamos atrapados psicológicamente. La psicología es un arma letal en manos de los poderosos. Nos inducen por medio de la psicología a que nos guste lo que a ellos les interesa. Nos hacen consumir a su gusto, creando un deseo malsano de querer lo inalcanzable, dañando nuestra estabilidad emocional. Se nos ha olvidado apreciar lo que la naturaleza nos ofrece como esta mañana radiante de sol que se vislumbra hoy en toda Tierra Estella. Con el fútbol y otros eventos nos tienen distraídos, apartados de la realidad que más nos afecta, encajonados e individualizados sin que podamos organizarnos para atacar a las células enfermas de esta sociedad que son el poder en sus distintas versiones. Dicho sea de paso que las deudas de los clubes de fútbol también los pagamos nosotros. ¡Qué vergüenza!

Para recobrar la libertad no hay más remedio que apelar a nuestra conciencia. Ver la singularidad de lo humano y hacer valer esa singularidad. Observar todo lo que nos rodea, mirarlo, no como implicados sino como testigos. Si observamos directamente, si somos testigos en vez de implicados (cuando estamos implicados no nos cuenta de las cosas), no hacen falta sesudos análisis para darnos cuenta de que hay que enderezar el rumbo, tomar el camino de la libertad; pues, aunque nos parezca, no somos libres en este momento. Y el hombre sin libertad es peor que una animal, porque el animal, al menos, tiene un programa. El hombre no tiene nada, está perdido.

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