Los paisajes del corazón

He leído, no sabría decir dónde, que en cada corazón de nosotros, los mortales, se dibuja un determinado paisaje. En algunos predomina el mármol. En otros, sobresalen rosas y jazmines. Hay de arenisca, donde la sequía no deja crecer nada provechoso. En otros medra el zarzal ahogando todo lo que encuentre a su paso.

Eso se puede entender. Lo que no puedo comprender es que el mismo corazón cambie de paisaje, según circunstancias, a su antojo.

Por ejemplo, que ante una determinada muerte sea de mármol y ante otra, más blando que la cera o el requesón, de acuerdo con la afinidad ideológica del finado.

Es evidente que me refiero a los estragos que hace la política en el paisaje del corazón.

No sucedería eso si estuviésemos convencidos de que una ideología política no puede justificar muerte alguna.

¿Por qué empezar a tiros contra los pájaros que no nos gustan? Tan necesarios son los unos como los otros.

¡Qué mal, digo para mí, si en el territorio de mi corazón no hay más albergue disponible que el que ofrezco a los de mi propio bando!

Orginal en euskara: 1997-II-14; traducción libre 12-VII-12

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