Jesús transgrede las leyes, costumbres y normas de la sociedad de su tiempo

 

 (Mc 1,40-45) En tiempos de Jesús había dos enfermedades muy temidas: la lepra y la ceguera. Las enfermedades eran la consecuencia de un pecado. Estaban “rechazados” por Dios y marginados por la religión. Jesús los acoge. Esa es la gran enseñanza de Jesús en contra del pensamiento dominante.

(Mc 2,1-12) Jesús ofende a los doctores. En realidad lo que ofende a los doctores no es la concesión del perdón, porque “tus pecados te son perdonados” significa “Dios perdona tus pecados”. Los doctores también perdonaban los pecados con las condiciones que ellos estipulaban. Lo que verdaderamente les ofende es la gratuidad con que Jesús ofrece el perdón. Esto era lo verdaderamente escandaloso y blasfemo.

(Mc 2,13-17) Jesús vuelve a escandalizar. Jesús toma asiento en casa de Leví junto a publicanos –odiados por muchos– y pecadores. Jesús parece indicar que no hay mayor pecado que creerse “justo”. Jesús desnuda a nuestro ego de sus pretensiones de perfección y superioridad.

(Mc 2,18-22) La Ley ordenaba un ayuno al año. Pero los fariseos más observantes ayunaban dos veces por semana, amén de la oración y la limosna. En este contexto Jesús y los suyos son recriminados, por no estar cumpliendo con la ley religiosa. Una vez más vemos el apego a la norma, así como exigir a todos su cumplimiento. Pero Jesús da un salto cualitativo presentándose a sí mismo como la imagen del novio. Reemplaza nada menos que la “mortificación” por la “alegría.

(Mc 2,23-37) El incumplimiento del precepto sabático podía ser castigado con la excomunión o, incluso, con la pena de muerte. Pero aquí viene Jesús impregnándonos de su sabiduría: El hombre no está hecho para el sábado sino el sábado para el hombre.

(Mc 3,1-6) De nuevo observamos el enfrentamiento entre la norma y el bien de la persona. El conflicto marcó toda la vida de Jesús. El texto con que se inicia el tercer capítulo es paradigmático. Ahora le reprochan que cura en sábado. Jesús insiste: “¿Qué está permitido en sábado hacer el bien o hacer el mal? Donde la norma subyuga Jesús levanta. El ser humano ha de ocupar el centro y no la ley. Jesús escandaliza a cada paso.

(Mc 3,20-21) Las relaciones de Jesús con su familia parece que estaban asimismo guiadas por el conflicto. Al menos, al principio. El texto es muy duro. Sorprende hasta cierto punto. En aquella sociedad había algunos valores intocables como son la familia, el honor y el status económico. Jesús quebranta los tres. Renuncia a la familia, se coloca voluntariamente en la escala social más baja (marginación); lleva una vida desarraigada y vagabunda. No es de extrañar que la familia diga que está trastornado.

(Mc 3,22-30) Si para la familia estaba trastornado, para los maestros y los doctores de la ley estaba endemoniado. Esto era una descalificación total aparte de estar condenado con la muerte. Muestran a Jesús como enemigo de Dios. Jesús es víctima de un fanatismo religioso, como también ocurre ahora en algunos ámbitos. Jesús se enfrenta y advierte a los que confunden al Espíritu de Dios (que mueve a Jesús) con el espíritu del mal. Esto parece paradójico, pero, a veces, la propia idea de Dios impide descubrir a Dios.

(Mc 3,31-35) Jesús rompe tabúes. La madre y los hermanos lo llamaron desde fuera. Y Jesús mirando en su entorno dice: estos son mi madre y mis hermanos. Tuvo que descolocar a todo el mundo. Jesús, además de consecuente, es tremendamente sorprendente. Creemos que Jesús no rechaza la familia, sino la integra, transcendiendo el nivel egoico y su nuevo nivel de conciencia permite percibir a todos como no-separados de uno mismo.

(Mc 4,1-20) Jesús no tiene pelos en la lengua (digámoslo con todo el respeto del mundo). “Recrimina” hasta a su propios seguidores: ¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo vais a entender entonces todas las demás? Y termina con una expresión desafiante: ¡Quien tenga oídos para oír que oiga! Nos invita a una escucha profunda, imparcial y rigurosa. Marcos nuevamente pinta a un Jesús polémico, enfrentado. Sus pequeñas comunidades siguen a Jesús a pesar del repudio de los judíos; los componentes de dichas comunidades son los conocedores de los secretos del misterio frente a “los de fuera”, es decir, los que no creen en Jesús, que permanecen en la ignorancia.

 (Mc 4,35-41) ¿Por qué sois tan cobardes? Jesús quiere inculcar la virtud de la confianza, pero de entrada los llama cobardes. Claro está que en un nivel de conciencia mágico o mítico y desde una lectura literalista habría que entenderlo como un Ser poderoso que domina y somete la naturaleza. Con la superación de aquellos niveles de conciencia, y en consecuencia superado el literalismo, no se entiende como una demostración mágica de un poder sobrehumano, sino como una enseñanza que busca ayudar a vivir, a vivir en confianza. Los discípulos están asustados: ¿no te  importa que perezcamos? Jesús, durmindo, es decir, confiado, como hay que estar en la vida, y a eso nos invita. ¿Cómo me sitúo ante la vida? ¿Como los discípulos ateridos de miedo reprochando al Maestro su aparente desinterés? ¿O como Jesús durmiendo tranquilamente en medio de la tempestad? Parece una enseñanza de ahora mismo para aplicarla a nuestra situación de ahora mismo. Nuestra salvación está en nuestro modo de vivir, de vivir el presente, sin recurrir a ayudas mágicas. Se trata de un estar pleno aquí y ahora, sin ceder el protagonismo a la mente inquieta, como dice San Juan de la Cruz:

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

(Mc 5,1-20) Jesús quiere liberar a la persona de la opresión, de las cadenas, del sufrimiento… Lo quiere hacer hoy sin esperar a mañana, enfrentándose a quien tenga que enfrentarse. Creo que esto es incontestable. Jesús siempre es compasión, empatía, caridad… No es amigo del dolor, pero cuando llega sabe aceptarlo con serenidad y consecuentemente. Creo que todo el dolorismo del que se han impregnado las religiones cristianas no tiene ninguna base en el evangelio. La cruz fue la consecuencia de su actitud ante la vida. Jesús debe significar el “despertar” a la realidad de lo que somos. Él es consciente de su verdadera identidad: “Hijo del Dios altísimo” y puede vencer el mal. Pero esa es la identidad también de todos nosotros, en la unidad no-dual que somos. Estamos ante una invitación de salir de tantos “sepulcros” donde malvivimos, ser dueños de nosotros mismos, viviendo en compasión, empatía y solidaridad.

(Mc 5,21-34) Más de lo mismo. Jesús realiza una nueva curación. Su compasión no tiene parangón. La mujer está desesperada por culpa de su hemorragia: no se cura. Ha gastado en médicos todo su dinero. Pero no pierde la esperanza. Con solo tocar la túnica de Jesús quedará sana. La ley prohíbe a la mujer “impura” tocar a nadie. Pero la mujer quebranta la ley, una vez más con la complicidad de Jesús. ¿Qué importa la ley? Lo importante es que se cure la mujer y recobre la salud.

(Mc 7,1-16) Polémica sobre la pureza. Los fariseos y algunos maestros de la ley observaron que algunos de los discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavarlas. Los fariseos y los judíos no comían sin lavarse antes meticulosamente las manos, aludiendo a la tradición de sus antepasados. Y aun conservan otras muchas tradiciones referidas a la pureza. Jesús les llama hipócritas. Les dice: “Bien profetizó Isaías de vosotros: este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí…” Cuando alguien transgredía una norma de pureza, se consideraba una amenaza. Jesús hace caso omiso de ello. Mejo dicho, responde con contundencia e incluso con ironía.

(Mc 8,11-12) Jesús polemiza con los fariseos. Se presentaron los fariseos y empezaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con la intención de tenderle un trampa. Jesús, dando un profundo suspiro, dijo: “¿Por qué pedís una señal? En verdad os digo que esta generación no se le dará señal alguna.” Sólo el que no ve a Dios en todo necesita “señales” milagrosas. Nuestra mente, nuestro, se empeña en ver a Dios como un Ser separado, ya hacemos un dios a nuestra propia imagen.

Mc 8-13-21) Jesús ve imposible el diálogo con los fariseos, los deja y se marcha.ç

Mc 8,31-33) Jesús advierte a sus discípulos que iba padecer mucho, sería rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y maestros de la ley. En definitiva, por los representantes del Poder.

Mc 8,34-9,1) “Si alguno quiere venir detrás de mi, que renuncie a sí mismo, coja su cruz y que me siga. El quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mí y la nueva noticia, la salvará”. Acabo con esto (por ahora). Estas palabras y en su conjunto las contenidas en este pasaje hay que leerlas con sumo cuidado. Estas palabras muchas veces han sido leías desde una mentalidad dolorista. El cristianismo ha preconizado, hasta la morbosidad, incluso, y sublimado el dolor y la renuncia de uno mismo. No creo que ese sea el mensaje de Jesús. El dolor por sí mismo no reporta ningún beneficio y hay que evitarlo, como lo hacía Jesús, hasta donde es posible. La teología descendente con exaltación de la cruz ocupó el primer plano y coloreó todo de negro. Jesús no buscaba el dolor, Jesús amaba la vida. Jesús buscaba que la persona tuviera una actitud compensada ante la vida. El objetivo de toda persona es buscar la plenitud ya en esta vida. Negarse a sí mismo no es más (que es todo) desidentificarse del ego y tomar conciencia de nuestra identidad más profunda. Negarse a sí mismo, dicho de otra forma, es dejar de vivir solamente para nuestro ego. Tenemos que vivir también para los demás, como ya hemos adelantado, en amor, compasión, empatía, solidaridad…

Nota: es un pequeño resumen que he traducido del euskara desde unos extensos apuntes que tengo sobre el Evangelio de Marcos, extraídos principalmente del libro “Sabiduría para despertar” (E. M. Lozano).

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