Las consecuencias del miedo

El miedo se manifiesta de mil formas distintas en nuestro cuerpo y, sobre todo, en nuestra mente, provocando una suerte de diferentes reacciones y comportamientos. Normalmente hunde sus raíces en nuestras elucubraciones e inseguridades. Matizando un poco más, diré que el miedo se adueña de nosotros porque no sabemos dar el tratamiento adecuado a algunos sucesos y a los sentimientos que provocan esos sucesos. Dice el dicho popular que una imagen vale más que mil palabras. Yo diría que los ejemplos son la mejor manera de poner al alcance del lector una idea. Vayamos a ello.

Voy a empezar por algo que políticamente no es correcto. No es correcto, políticamente, por ejemplo, ver el programa ‘Hay una cosa que te quiero decir’ (Tele5). Si embargo, a mí me ha servido de fondo e inspiración para escribir este artículo. Es un caso de una pareja, el chico dio una lección de psicología magistral. La chica está poseída por un miedo atroz, circunstancia que le hace estar las 24 horas del día pendiente del chico, llamándolo varias veces al cabo del día, para “demostrarle” el gran amor que siente por él. Le tiene al chico totalmente agobiado y desconcertado. Paradójicamente, el chico deja a la chica por culpa de esas estrategias que ésta está usando para controlar, por miedo a perderlo.

Pero esto no sucede solamente en el ámbito del amor. ¿Quién no conoce alguna persona que por miedo a perder una relación, del tipo que sea, o para demandar la amistad de alguno en particular, ha ejercicio presión, aunque sea en forma halagos, hasta que la otra parte se ha sentido agobiada, y en consecuencia ha querido romper con esa relación? Precisamente, muchas veces, el querer estar demasiado cerca de una persona trae la ruptura. Y eso, como escuché una vez  a Jesús Mariñas, tiene consecuencias psicológicas graves: los que se encuentra bajo ese “síndrome”, dejan de acudir a ciertos lugares y eventos por miedo a no ser bien recibidos.

Algunos a eso lo llaman “automarginación” . Pero para que sea automarginación, una persona tiene que estar hundida en el agujero sin posibilidad de salir de él; mientras haya control de la situación, no hay por qué preocuparse. Precisamente, “automarginación” y “dependencia”, son dos palabras malditas para mí. Pertenecen al territorio de nuestro ego/mente y sus cavilaciones. Si tratamos de encontrar en nuestro interior aquello que buscamos fuera y somos conscientes de lo que en realidad somos —yo soy—, desaparecen los problemas y sentiremos una paz interior grande.

Por último, vamos a hablar de un miedo frecuente, pero tan absurdo como peligroso. Nos referimos a la carencias —por ejemplo económicas— que uno haya podido padecer de niño. Eso incide negativamente al margen de la buena posición que podamos tener ahora. Parafraseando a Cospedal, provoca el miedo en “diferido”. El recuerdo de aquella situación antigua te hace sufrir todavía. Como hemos comenzado hablando de una pareja, digamos que esto último que estoy apuntando puede ser un verdadero corrosivo para las parejas en general, porque el “niño de las penurias” puede que se convierta en un controlador implacable de los gastos e idas venidas de su pareja, creando inconscientemente un ambiente insoportable para ambos. La solución pasa, asimismo, por lo que hemos indicado en el párrafo anterior (remitirnos siempre a lo que en realidad somos). Y como final de artículo digamos aquello de “carpe diem”, aunque no sea más que para olvidarnos de las complicadas situaciones del pasado.

Esta entrada fue publicada en 2 Espiritualidad/Reflexión y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s