Relaciones con los demás

 

Con esto de que la psicología está de moda, surgen temas de todo tipo y, dentro de los mismos, uno de los más recurrentes es el de las relaciones sociales y humanas. El relacionarse con los demás, yo siempre he considerado una tarea un tanto difícil hasta que me di cuenta que eso era una visión mía equivocada. No hay cosa más fácil. Pero tenemos que desprogramarnos, sacudir muchas de las cosas que nos han inculcado de niños. Dicen: es necesario que el niño se sienta querido, reconocido, amado… y no sé cuántas cosas más. Y pensamos y “exigimos” que todo el mundo esté pendiente de nosotros.

Aceptemos que de niño esas cosas son importantes. Pero a los sesenta y pico seguimos con los mismos esquemas. Poco se prepara a la juventud para la resiliencia y para la asunción de las frustraciones que vamos a tener a lo largo de la vida en las relaciones con los demás. Y te seguirán diciendo que tienes que mostrarte simpático, que tienes que guardar las formas, cuidar la imagen, presentar un aspecto impecable, corrección en tus manifestaciones, sentirte reconocido… Y tú a apechugar con las pautas establecidas por la sociedad, aunque sea reprimiendo muchas cosas, perdiendo en naturalidad y frescura y creando sombras. Sin embargo, lo único que teníamos que haber hecho es mostrarnos tal como somos, sin esconder nada, ni enmascarar nada y sin querer aparentar nada de lo que no somos.

Por lo tanto, para relacionarse satisfactoriamente con los demás, lo primero es mostrarte tal como eres y, en segundo lugar, dejar atrás algunos prejuicios que nos han acompañado una buena parte de nuestra vida. Por ejemplo, no albergar nunca la falsa esperanza de que tenemos que ser queridos por todo el mundo y aplaudidos por nuestra forma ser. Pensar que vas a ser rechazado por más de uno, pero eso no debe influir en tu nuestra vida, en nuestra felicidad. Nuestra felicidad y nuestro bienestar psicológico nunca deben depender de las acciones o reacciones de los demás. Hay una lógica que siempre da buenos resultados: corresponder adecuadamente al que desea trato contigo y no molestar al que no lo quiere. Me parece una tontería supina esa frase hecha que algunos utilizan mucho: “Yo elijo a mis amigos”. Una postura narcisista que no tiene nada de real. Las circunstancias son las que elijen amigos.

Somos unos seres con la sensibilidad siempre a flor de piel. En cuanto nos acecha el menor contratiempo, viene la consulta con la almohada: ¿En qué habré fallado?, ¿qué o en qué deberé cambiar?, ¿qué debo hacer para salir de esta situación? Nada. No tienes que hacer nada. No pierdas un solo minuto pensando en eso, sigue haciendo tu vida, respetándote a ti mismo y respetando a los demás. No has cometido ningún error. En todo caso, es un choque de nuestras respectivas programaciones. Sí. Estamos programados desde niño, a través de la escuela, la familia y la religión, para que tengamos un comportamiento

No digo que no convenga analizar de dónde procede el “mal”, el disgusto que sentimos. Aunque ya está referido en sus aspectos principales, podemos añadir que miramos nuestra realidad como dependiente de los otros. Miramos nuestra realidad con lentes desenfocadas o sucias. Es suficiente con limpiar las lentes y enfocarlas bien. Por otro lado, somos profesionales del cambio en todos los órdenes de la vida. Queremos cambiar todo: las lentes, las personas, la realidad misma… Pero no hay que cambiar nada sino nuestra actitud ante la realidad.

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