Enseñanza para todo

Según Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política, si fuera la confianza la base de nuestras relaciones el mundo sería mucho más barato en sufrimiento y también en dinero, de tal forma que el recortar en gasto sanitario o en pensiones sería un despropósito palmario —eso ya lo vemos sin que nos lo advierta nadie—, pero, además, no haría falta gastar sumas ingentes de dinero en gestionar la relaciones viciadas por falta de confianza entre los humanos.

Añade luego la profesora que todo esto puede sonar a utopía, a cuentos que se inventan los profesores de ética para seguir cobrando la nómina. De hecho, se han suscitado situaciones embarazosas en este sentido, como aquel que le ocurrió a un profesor de griego: ni los alumnos ni los padres entendían para que servía el griego, y él les contestaba desesperado, sin poder encontrar más argumentos para convencerlos: a vosotros para aprobar, y a mí para comer.

Si el mundo es cada vez más chato es porque entendemos que la enseñanza debe estar únicamente orientada a lograr un puesto de trabajo en el mercado laboral. Es muy importante que se formen buenos médicos, buenos mecánicos, buenos ingenieros… etc. Pero tan importante como eso es que cada profesión y todas las relaciones humanas tengan un soporte ético claro.

Y sigo. La enseñanza debe ayudar a crecer a la persona para vivir mejor, es decir, a desarrollar otras capacidades aparte de las propias de la profesión que ejerce. La enseñanza debe despertar en el niño la curiosidad para conocer el mundo que en muchos aspectos no tendrá nada que ver con el trabajo que le va a tocar hacer. Por ejemplo, es importantísimo inculcar la afición por la lectura, no solo de literatura sino también libros de ciencia, aunque sepamos que uno va a ser mecánico en un taller o enfermera en un hospital.

El conocimiento nos ayuda a ser más personas. Nos ayuda a asumir mejor nuestro devenir diario, a tener más criterio ante todo lo que nos rodea ya ante los problemas se nos plantean: de tipo personal, espiritual, existencial, relacional… Nos debe ayudar a entender mejor —aunque nunca entendamos nada del todo— el mundo, la humanidad, lo que somos y el medio en que somos.

Si no os parece una pedantería os voy a hacer una confesión: últimamente estoy leyendo, entre otros, bastantes libros de física… ¿Para qué? En principio, por pura curiosidad, por el simple afán de saber algo sobre lo que han dicho sus eminencias los científicos. Para sorprenderme, abrumarme, emocionarme…. ante cosas tan espectaculares que, por cierto, muchas no las entiendo. Pero cuando entiendo algo, flipo y alucino pensando cómo es posible lo que se dice. Siempre llego a la misma conclusión: solo por leer estas cosas merece la pena de haber nacido.

De todas formas, hay libros muy pedagógicos que se ajustan bastante bien a nuestro perfil de poco o nada versados en la materia. Os voy a dar la referencia de uno de los últimos que he leído: El universo para Ulises, Juan Carlos Ortega, Planeta.  

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