Arantzazu 2

Arantzazu-2. Palabras (con intención de buen humor) al final del encuentro CRISIS, CRECIMIENTO Y DESPERTAR dirigido por Enrique Martínez Lozano

 

1. El en el frontis de Arantzazu , el “ciego” de la cuadrilla de catorce apóstoles de Oteiza, da un paso, precisamente él, adelantándose a todos los demás. ¿Tal vez el cierre de sus ojos hace que sienta más su cuerpo, que pueda respirarse a sí mismo como montaña, y que, desde su espaciosa ecuanimidad,  observe mejor su identidad no dual —su ilimitada sonrisa, sus 12 abrazos y dos besos en cada instante?

¿Por esto se pone en camino el ciego?, pregunto. ¿Avanza un paso para adentrarse antes en el Misterio (Misterio en el que ya vive y del que no puede ausentarse)?

2. El ciego ahí y nosotras aquí, comenzando a andar, sin hacer aún del todo el silencio que revela todo, pero ya dispuestas a ser hospederas que siempre abran compasivamente la puerta a todo lo que venga (todo lo que viene es honorable), y ya sabiendo que aquí y ahora no nos falta nada.

Aquí, caminando para aprender a quedarnos en el momento más feliz de nuestras vidas, es decir en éste, y en él dejarnos transportar por el lenguaje vibracional del Universo-Vida. Aquí y ahora gozando, amenazados de vida.

3. Tal vez hay más de uno que aún no pueda iniciar el camino. A él le digo que no se preocupe, que llegará cuando tenga que llegar. Quizá perdió alguna pieza para la comprensión, algún elemento se le escapó en un instante en que el mono saltó a la rama del espino (arantzan zu?). A él le ofrezco un elemental resumen del núcleo de lo expuesto, a saber: LA DIMENSIÓN QUE POSIBILITA QUE TODO LO DEMÁS SE DÉ ES… ¡LO QUE ES!

Eso es. ¿Que no puedes pensarlo? ¡Eureka, ya lo has pillado! De eso se trata, de no pensarlo, y sí de conocerlo por vibración, siéndolo.

Está claro. Cristalino. Pero si después de este aclarado todavía hubiera  alguien —no lo pienso— que piensa que el Misterio puede ser pensado, a él hay que decirle: ¡A la obra, a ponerle atención al presente, y a meditar sin buscar nada! Y a los brazos del presente una y  otra vez —según lo aconseja el mejicano— volver, volver, volver… El truco consiste en siempre a ello volver.

4. Dicho de otra manera, se trata de celebrar de continuo la memoria de los momentos privilegiados aquí vividos, en los que te has dado un respiro, te has querido tal como eres, has experimentado que tu sonrisa hacía que el cachorro volviera y se quedara apacible después de haberse alejado a saltos. Se trata de insistir en la sencilla estrategia de eliminar los “debería”, dejar que se caigan los pensamientos y, rendido a la sabiduría mayor, permitirte fluir en el mar del ser, y ahí sólo ser, ser plena consciencia del ser. Y sin más, ahí (en el aquí y ahora) descansar. En casa.

¿Que luego, a pesar de ejercitarte, no sale así el experimento? Lasai. Tranquilo. Lo que salga estará bien. Al fin y al cabo lo que eres siempre está a salvo. ¿Que a pesar de todo insistes y no llegas? Para salvar ese atasco, acude a este pequeño consejo, el más sencillo y práctico: RELAJA LA CONSTRICCIÓN EGOICA, y ya está. Si lo haces, ya te has salido de la botella (aunque no hacía falta salirse de ella para ser consciente de que la VIDA está dentro y fuera de ella, de que la Vida es todo. Todo: única identidad compartida).

5. Ya ves, honorable maestro Enrique: no hemos comprendido mucho, pero al menos tu sabiduría ha hecho el milagro de convertir nuestras orejas en orejas de soplillo, y algo nos queda. Hemos aprendido, por ejemplo, que no es cuestión de entender sino de experimentar, no es cuestión de pensar sino de abrazar. Y luego ya se verá. Tal vez tengamos que esperar a los 80 y 90 años para serte más gratificantes, más agradecidos, y entonces seguramente te digamos: “Nos has cambiado la vida”. Por ahora ya es fabuloso que nos hayas despertado, y que al despertar veamos que tenemos ya escrito el índice del libro de nuestra historia personal. Ya sólo nos falta rellenarlo.

6. Sea como sea todo esto, ahora todas las gracias para ti, Enrique; todas las gracias para las mujeres que habéis llenado de ser y vida este espacio; todas las gracias a la meritoria minoría de varones; todas las gracias a Iñaki y Martxi que nos habéis regalado todo. Y también todas las gracias, claro, a la casa tan abierta, a la mesa tan bien puesta (que nos protegerá por una temporadita de los peligros de la anemia).

7.  De todas maneras, lo más importante es que salgamos consoladas (la vida no es carga ni exigencia), y que en cualquier momento podamos salir a un lugar más respirable y ahí escuchar esta voz: “se puede confiar” —el firmamento acoge y excede a las nubes y tormentas—.  La inconmensurable espaciosidad bondadosa nos contiene. Y en la gran espaciosidad, la montaña respira. Pasan nubes y tormentas, la montaña queda. En el firmamento: serenamente todo.

8. Ahora, a caminar, pero ya conducidos por nuestra parte sana. A saborear cada paso, sin preguntas que enferman. ¡Que os mantengáis sanas: que podáis ir a todos los sitios y toser poco! ¡Que no desconectéis bajo ninguna circunstancia del gusto de ser felices!

9. Al salir, querida, serás consciente de que entraste tal vez sola, pero ahora marchas muy acompañada (indisolublemente unida); consciente de que sales con tu niña amorosamente en brazos. En la puerta se le caerá el vaso. Pero entonces un millón de cosas nacerán de nuevo. Y en cada cristal brillará el encanto de ser feliz sólo siendo, zoriontsu izanez, izanez, soilik izanez.

10. Ondo ibili. Eskerrik asko.

(Carlos Villalba)

Esta entrada fue publicada en 2 Espiritualidad/Reflexión y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s