¿Qué celebramos el 12 de octubre?

Vamos a comenzar por dos notas preliminares, las dos extraídas de internet:

La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos.”

“El Descubrimiento de América fue de trascendental importancia para España, iniciando un periodo de proyección lingüística, cultural y económica en América.”

Aunque entre ambas notas no hay diferencias de bulto sino, más bien, de matiz, hemos querido incluir las dos, porque pensamos que son complementarias.

Soy consciente de que en cuanto exponga mi primera idea sobre esa efeméride, mis oídos estarán obligados a escuchar que cada caso, cada acontecimiento, hay que analizarlo en su contexto. No se me adelanten ni se preocupen que así lo voy a hacer.

En primer lugar, perdonarán mi osadía, si les digo que, en el sentido estricto del término, no hubo tal descubrimiento. Para mí, tiene carácter de descubrimiento aquello que se descubre respecto de toda la humanidad; por ejemplo, los descubrimientos que se llevan a cabo en física, biología, medicina… u otra disciplina científica cualquiera.

El descubrimiento de América, y de cualquier territorio poblado, no es tal descubrimiento, sino una conquista y posterior colonización, y, por lo que vamos a ver más adelante, no exentas de violencia y de trato inhumano. En todo caso, fue un descubrimiento respecto de la ignorancia europea y de otros continentes. Siempre que existe algo, hay Consciencia de ello. En este caso, por parte de los pobladores de las zonas americanas, después sometidos por los europeos, entre ellos España.

A mi modo de ver, siempre hay una Consciencia superior y respecto de esa Consciencia no hay descubrimiento, lo que hay es una Consciencia compartida de la existencia. (Si hemos que creer a los científicos cuánticos, la Consciencia crea la realidad, según oigo decir).

Creo que me alejado. Volvamos al redil. En lo que respecta a la proyección lingüística, cultural y económica, a mi modesto entender, la «proyección» es un eufemismo lacerante. La palabra que hay que utilizar es «imposición». Proyección económica supuso, en todo caso, para los europeos que no cesaron de saquear y explotar a la pobre gente.

Hay varios testimonios. Me limitaré a exponer el contenido de uno de ellos. Según cuenta F.J. Vitoria Cormenzana en su libro ‘Una teología arrodillada e indignada’ (Cristianisme i Justicia, Sal Terrae), «La primera historia está protagonizada por los dominicos en la isla de La Española. En 1511, ante la visión “de la triste vida y el aspérrimo cautiverio que la gente natural” de la isla padece como consecuencia de la conquista española, los dominicos elaboran y firman conjuntamente un sermón que pronunciará el fraile Antonio Montesinos en presencia de todos los notables de la isla. Escogen el domingo cuarto de adviento y toman como punto de partida la frase de San Juan Bautista: “Soy la voz que clama en el desierto. Fray Antonio Montesinos recuerda a su feligresía la autoridad con la que habla: “Me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír. Y esa voz proclama:

“Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y la tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muerte y estragos nunca oídos, habéis consumido? Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades que, de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden fiesta y domingos? No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tener por cierto que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo”.»

Sigue Vitoria Cormenzana con estas palabras: «De las reacciones a la homilía interesa destacar una que hoy nos pare inverosímil: los notables piden la retractación del sermón por haber predicado una doctrina nueva. Sin embargo los dominicos convirtieron la experiencia de la injusticia sufrida por los indios en argumento teológico que postulaba los derechos humanos y devolvía al cristianismo su antiguo papel de religión de los oprimidos.»

Ahí lo dejo, porque añadir algo sería estropear lo que tan brillantemente está expuesto. Con todo, puedo terminar proclamando un deseo que habita en mi corazón desde hace mucho tiempo: ¿Por qué no se escribe, de una vez, la verdadera historia de aquella «gesta», y se repara en la medida de lo posible?

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