A favor de la autodeterminación por razones prácticas

 

No hay ningún derecho natural, todos los derechos son construcciones del ser humano, fabricados igual que las máquinas o como cualquier otro producto en su proceso de elaboración.

En aquel tiempo, me dijeron al oído: «Son tiempos de silencio, Rufino.» Yo, obediente, agaché la cabeza en señal de aceptación de la propuesta. Pero llevaba su contrapartida: «En ausencia de violencia se puede hablar de todo, ¡de todo!»

Y me embargó una gran alegría, todo hay que decirlo, porque estamos muy acostumbrados a posponer y pensar “en diferido” hasta en la felicidad. No así aquella chica novicia de ojos azules y guapa como ella sola. Por muy novicia que sea una, no hay porqué ocultarle nada. Y un buen día, la Maestra de Novicias pensó en “instruir” a sus mozas en temas de sexualidad: «Hijas mías, tener muy presente esto, ¿qué representa una hora de placer ante toda una eternidad?» Cuando hubo terminado brindó a las chicas la oportunidad de exponer sus preguntas. Llegó una desde el fondo de la sala. Era la chica guapa de los ojos azules la que se disponía a preguntar: «Madre, ¿nos podía indicar cómo se hace para que el placer dure una hora?»

Una chica despabilada, sin ningún género de dudas. La pregunta, no me digan que no, tenía mucho fundamento, y mucha miga. Y es que la esperanza de la felicidad venidera o futura nunca debe hipotecar el presente. Esta chica, con muy buen criterio, quería ser feliz ahora y después, porque seguramente sabía que el Maestro dijo que el Reino de Dios comenzaba en este mundo. Se hace imprescindible una sincronización y una sintonía entre el presente y el futuro. Y aún añadiría más: en la práctica el único tiempo real es el presente. Ya veremos más tarde cómo encajamos esta metáfora de la novicia en el contexto de la autodeterminación y qué sentido tiene.

Hace algunas semanas, seguí el debate que dirige Xabier Usabiaga en ETB1. Uno de los “debatientes”. ¿Se puede decir así?; me temo que no, pero a mí no me suena tan mal; además me perdonarán ños lectores porque saben que mi lengua-madre es el euskara. Lo escribo en batua. Parace que eso también lo quieren cuestionar algunos. ¡Ay, si levantaran la cabeza Villasante y Mitxelena! ¡Cuánto divago!, pero enseguida estoy con ustedes. Como decía ayer, el aludido participante dijo que la autodeterminación no es un derecho del Pueblo Vasco (otros dicen Euskal Herria, pero yo estoy escribiendo en castellano), sino una opción política. También dijo que era una aspiración, mejor dicho, un capricho y un mito de los nacionalistas. No se quedó ahí. Asimismo expuso que la CAV nunca había tenido un marco político propio que no fuera el Estatuto de Gernika. De Navarra dijo poco.

Pues a mí no me importa no tener razón ni en esto ni en otras muchas cosas.  Pero, antes que nada, voy a decir un par de cosas: a) nosotros hemos mantenido un silencio consecuente hasta que ETA depusiera las armas (quiero decir dejara de atentar); precisamente, si hemos hablado, ha sido para condenar sus atentados; b) estoy dispuesto aceptar todo lo que he expuesto en el párrafo anterior y, dicho de una forma resumida, asumo que “Euskal Herria (entiéndase en su sentido más amplio) no tiene derecho de autodeterminación” .  

Pero eso no me preocupa a mí en absoluto. Si no lo tiene, lo construiremos o es que ¿no hemos quedado en que todos los derechos, absolutamente todos, son construcciones y elaboraciones del ser humano. Y para eso no hace falta más que dos cosas: espíritu democrático y voluntad política, sin discursos negativistas (otra palabra dudosa, pues que digan que la he acuñado yo) como “es inconstitucional”, etc. ¿Qué está hecho, el hombre para el sábado o el sábado para el hombre?

Mi postura es neutral ante la autodeterminación, y así lo expreso. A ver cómo lo explico. Estoy a favor de la autodeterminación, pero no me posiciono por ninguna de las opciones que pudiera dar lugar en el abanico de sus posibilidades. Tengo dos razones  y ambas muy simples: a) de momento, es suficiente con elaborar y trabajar la estrategia para la consecución del derecho de autodeterminación (que será para largo), b) no me posiciono porque sé positivamente que no voy a participar en el referéndum o consulta que se celebre en su día (sea para lo que sea). Pienso que habrán de pasar muchas generaciones antes de que se lleve a cabo tal consulta; habrá que ganar muchas voluntades, empezando, paradójicamente, desde lejos, desde instancias internacionales.

Lo cual no significa que las actuales generaciones deban estar cruzadas de manos. Porque la estrategia hay que montarla ya, con estas premisas: en un ambiente pacífico, en un marco democrático e independiente del marco que el ejercicio de la autodeterminación pueda proporcionar en su día. Tanto hablando en clave “unionista” como “separatista”, la autodeterminación debe ser neutral, es decir, a priori no está más cerca de ninguna de las opciones. Todo el mundo debe sentirse cómodo en este proceso y con posibilidades de defender la opción (que más le guste) derivada o que emane de este proceso.

En este momento, la autodeterminación se vislumbra como el único punto de consenso de todas las opciones políticas que operan en Euskal Herria (vuelvo al sentido ampñlio). Por lo tanto, estoy a favor de la autodeterminación por razones prácticas. Debe servir para poner al pueblo en el camino de la paz, en dinámica de armonía y solidaridad, sin considerar enemigo al contrincante político.

Y ¿entretanto qué? “Dar de comer pescado y enseñar a pescar”. Por supuesto, no hacer ascos a lo que tenemos. No hay que abrir la compuerta para que el agua y su fuerza vayan sin transformarse en energía. No se trata de tirar por la borda el status actual. No existe dicotomía entre ese status y la autodeterminación. En todo caso,  se dará entre la autonomía actual y el marco que surja a raíz de la autodeterminación. La autodeterminación es como una interfaz que une dos elementos independientes.

Recomiendo seguir haciendo vida normal, trabajando el presente para que, a su vez, haya otro presente para la generaciones venideras, seguir viviendo sin obsesionarnos, sin estrés, sin cansar la cabeza más de la cuenta, disfrutando de la vida, solidarizándonos con el necesitado, sin reducirnos al pensamiento único: la autodeterminación. Pero con esperanza, sin molestarnos porque en el rebaño veamos ovejas de distintos colores, respetando a la gente, inclusive el contrincante político, dejando que los demás también opinen…

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