Animal temeroso

Se han dado muchas definiciones del ser humano. Recordemos algunas: animal racional, animal religioso, animal político, animal sentimental (Unamuno). Y podíamos añadir animal temeroso. Podríamos convertir aquello de Ortega y Gasset, yo soy yo mis circunstancias, en yo soy yo y mis miedos. Por cierto, Hobbes acuñó esta frase: Cuando nací yo, mi madre parió gemelos: yo y mis miedos.

Nuestra vida está llena de momentos continuados de mucho temor. Sin ser demasiado exhaustivos podemos indicar algunos puntos de esa cadena hecha de eslabones de miedo. Por ejemplo, durante el franquismo pasamos muchísimo miedo por participar en huelgas, manifestaciones, reuniones, etc. Porque la tortura estaba a la orden día: si te cogían nunca de librabas sin una buena sesión, aparte de que te podían meter en la cárcel por muy poquita cosa.

Representados y simbolizados así los miedos más externos y mundanos, podemos introducirnos en otro tipo de miedos. Muchas veces, hemos sentido miedo de no conseguir lo que perseguimos, sea cual sea el objeto; hemos tenido miedo de no ser correspondidos en el amor; miedo de perder el trabajo y con él el estatus social o miedo de ser rechazados en un acto social, miedo de no ser aceptados tal como somos, etc.

Pero nuestros mayores miedos están relacionados con la pérdida de un ser querido (del entorno muy íntimo), con las posibles enfermedades que podamos contraer y, en última instancia, el miedo a morir, que eufemísticamente decimos que nuestro cuerpo deje de funcionar.

Claro, con estos compañeros de viaje la felicidad nunca es completa. Y la actitud que adoptamos tampoco nos sirve de mucho: recurrimos a no pensar en aquello  que nos produce miedo. Pero el miedo o cualquier otro conflicto que nos aflige no se combate ignorándolo o resistiéndolo sino reconociéndolo, admitiéndolo, sin reducirnos a ello.

El único antídoto eficaz contra el miedo y otro tipo de amenazas es aprender a vivir en el presente y vivir el presente con plena conciencia. En el presente, el único tiempo real que podemos vivir, todo está bien. No debemos preocuparnos más que el presente nos vaya bien. Exceso de pasado es estrés; exceso de futuro, ansiedad. El miedo nos tiene atrapados en el pasado o excesivamente preocupados por el futuro. Solo el presente es un modo ajustado de ubicarnos en la vida. Se disipan los miedos. Notamos y advertimos que ahora mismo estamos bien.

El miedo siempre tiene un origen antiguo, relativamente remoto en el tiempo, y está ubicado muy en el fondo de nuestro ser. Pero no caigamos en la torpeza de reprimir nuestros miedos, son ya parte de nuestra vida; deben aflorar, mirarles a la cara y establecer un diálogo con ellos. Entonces naceremos a una nueva vida.

Unamuno sentía un miedo aterrador por la nada, por lo que nunca se dejó vencer por la idea de que no somos más que nuestro cuerpo físico. Para liberarse del miedo que eso le producía elaboró lo que yo llamo la tesis de la incertidumbre. Algunos místicos aseguran que el miedo se vence cuando se reconoce que somos más que nuestro cuerpo físico, que no procedemos de la nada ni estamos destinados a ella.

La práctica de la atención plena (meditación) nos puede proporcionar sensibilidad necesaria para afrontar los miedos y puede ser muy útil para eliminarlos. No se puede improvisar, hay que aprender. No se puede esperar hasta que truene para acordarnos de Santa Bárbara. Hay que trabajar y ejercitarse día a día y, entonces, surgirán los efectos deseados en el momento oportuno.

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