La Ley del Aborto

Me ha parecido sumamente interesante reproducir aquí un diálogo entre dos tuiteros” sobre la Ley del Aborto, ley que estos días ha sido reformada restrictivamente por el ministro de Justicia Ruíz Gallardón y aprobada en el Parlamento Español. Sabemos que es un tema espinoso. Lo era también para la escritora italiana que aquí se cita. Yo no quiero añadir nada más. Pero recomiendo que se lea hasta el final para tener una visión más real de lo que dice Natalia Ginzburg.

 

LA ESCRITORA COMUNISTA Y EL ABORTO

SÁBADO, 21 DICIEMBRE, 2013 POR JAVIER ALONSO SANDOICA

Un poco estupefacto me dejan las palabras de algunos críticos de la reforma de la Ley del Aborto por considerarla “confesional”, es decir, que en ella se manifiestan argumentos de una presunta “moral católica”. Quiero recoger aquí los argumentos sobre el aborto de una persona ajena a la confesión cristiana, aunque no por ello lejana de una búsqueda incesante de Dios. La escritora Natalia Ginzburg. Nació en una familia culta de ideas socialistas y antifascistas, y fue diputada durante dos legislaturas por el Partido Comunista Italiano, no dejando de escribir hasta su muerte. Transcribo aquí un bellísimo fragmento de su célebre obra “Las pequeñas virtudes”, para que el lector se familiarice con la sensibilidad de la escritora.

«En la idea que tengamos del aborto se esconden los rasgos de nuestra idea de la vida. Con el aborto se ha hecho pedazos nuestra armonía con el futuro, y nos parece que ya no podemos prometer el futuro a nadie. Sobre un pensamiento así no se puede construir nada, pues no es un pensamiento constructivo, sino una especie de fuego que cada uno enciende en soledad y por su cuenta. Abortar es matar, pero se trata de un homicidio que no puede compararse con ningún otro. Es separarse para siempre de una individual, concreta y real posibilidad viviente. Sabemos muy bien que matar está mal, pero aquí, en presencia de una posibilidad viva pero inmersa en la oscuridad, también la idea del bien y del mal está inmersa en la oscuridad. La elección es privada y oscura, pero no porque exista un libre derecho de elección, ni porque “la barriga es mía y hago con ella lo que quiero“. Es una horrible facultad de elegir, la vida o la nada. Quien elige debe elegir por dos, y el otro está mudo.»

Notas:
no hemos reproducido otro párrafo (anterior a este) del mismo escrito porque no está directamente o estrictamente relacionado con el tema que nos ocupa; con ello creemos no haber sacado nada del contexto.
hay  cinco comentarios al respecto, pero solo el siguiente reproduce más texto de la misma autora referido al tema del aborto. Comienza así:

Antonio dice:
Creo que falta algo de texto en ese ensayo de Natalia Ginzburg, “Del aborto”:

«El aborto legal debe ser pedido ante todo por justicia. Debe ser una decidida y severa petición que la gente dirige a la ley. Es intolerable que las mujeres pobres corran el peligro de morir o mueran abortando con agujas de hacer punto, y que las mujeres ricas puedan disponer de cómodas clínicas y no corran ningún peligro o muy poco.

La ley debería ser de pura justicia, no debería ser ni rígida ni blanda, sino solo justa, e interferir en los asuntos de los individuos solo cuando estos se encuentren en condiciones de peligro, de desgracia, de culpa o de enfermedad.

Cuando se quiere y se pide algo, es necesario llamarlo por su verdadero nombre. Me parece hipócrita afirmar que abortar no es matar. Abortar es matar. El derecho a abortar debe de ser el único derecho a matar que la gente debe pedir a la ley.

Al no estar legalizado el aborto en nuestro país, las mujeres mueren por agujas de hacer punto; y entre la muerte de una persona que tiene ojos, facciones y voz, y la muerte de una forma sin voz ni ojos, es imposible no preferir lo segundo. Abortar no significa eliminar a una persona, sino el proyecto remoto y pálido de una persona; está claro que es un mal menor que mueran estos proyectos remotos y pálidos y no la madre que los lleva dentro de sí; y también un mal menor que mueran estos proyectos remotos y pálidos en lugar de convertirse en niños abocados a un destino de hambre.

Tal elección no puede ser, pues, más que individual, privada y oscura. Es una facultad pesada como el plomo, una libertad que arrastra consigo hierros y cadenas, porque quien elige debe elegir por dos y el otro está mudo.»

Natalia Ginzburg (Ensayos)
Febrero de 1975

P.D. Más tarde encontré este otro fragmento (párrafo) de Javier Morales y lo incluyo para dar más objetividad a lo que estoy exponiendo, aunque incluyo también una opinión del autor sobre Ruíz Gallardón:

«Pero de todos los artículos, joyas literarias ya digo, el que más me sigue impresionando es el que dedica al aborto. Nadie ha explicado este drama con tanta lucidez, al menos yo no lo he leído. Partidaria de su legalización, la creyente Ginzburg explica:

“De todas las elecciones humanas, [el aborto] es la más privada, la más anárquica y la más solitaria. Es una elección que pertenece por derecho a la madre, y solo a ella; y ello no porque en todas las circunstancias de la vida exista un libre derecho de elección ni porque ‘la barriga es mía y hago con ella lo que quiero’, pienso que en tal elección las personas sienten como nunca que nada les pertenece, y mucho menos su propio cuerpo. Les pertenece solo una horrible facultad de elegir, para una forma sin voz ni ojos, la vida o la nada. Es una facultad pesada como el plomo, una libertad que arrastra consigo hierros y cadenas, porque quien elige debe elegir por dos, y el otro está mudo.”

»El artículo de Ginzburg me recordó otro artículo sobre el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, y su proyecto de reforma de la ley del aborto. Con fama de culto, con sensibilidad para la música y el arte, quiero pensar que Gallardón no ha leído a Ginzburg, su texto. De lo contrario, no estaría pensando en condenar a miles de mujeres en este país solo porque les pertenece una horrible facultad de elegir. ¿O sí?»

Javier Morales:(extraído de un artículo publicado en “eldiario.es”, 21-12-2013, Gallardón no ha leído a Ginzburg).

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