¡Paris a la vista!

Hemos estado en París. Ha sido una expedición formada mayormente por navarros aunque también había cinco burgaleses y algún guipuzcoano. Allí donde fuéramos nos acompañaba la bandera de Navarra. Aparte de la bandera, también había elementos como jotas y canciones regionales que dejaban pocas dudas sobre la procedencia de la expedición. Como anécdota podemos decir que un camarero, cerca de los Campos de Elíseos, nos insistía en forma de pregunta: “¿Toulouse?”, “¿Toulouse?”  Supongo que nos quería preguntar si éramos de esa zona.

París es grande. Tan grande que, paradójicamente, impide valorar en toda la extensión su grandiosidad. Paris es majestuoso y “bien merece una misa” o más de una, pero lo que a primera vista llama la atención es su caudaloso río y también su exuberante vegetación. Como saben todos, París está surcado y rodeado por el famoso Sena, con barcos de recreo que casi llegan hasta el Arco del Triunfo. Sin embargo, lo verdaderamente llamativo resulta su vegetación. Aunque la afirmación parezca una exageración, Paris parece una ciudad construida dentro de un bosque. Es verdad que un bosque bastante talado, pero aún con mucho arbolado, jardín y zona verde.

Sus calles, como no puede ser de otra manera, siempre están repletas de gente. Gente de todas las latitudes del mundo, gente que por su fisonomía, por el color de la piel y por su lengua nos remite a todos los rincones del globo terráqueo. Todo ello contrasta muchísimo con la forma de vestir que difiere muy poco de unos a otros. ¿A qué se deberá esa uniformidad en el modo de vestir? Pienso que la respuesta habría que hallarla en las grandes multinacionales de diseño y confección de ropa, y en la moda que impulsan, a su conveniencia, estas multinacionales, con fuertes campañas publicitarias. No se me ocurre otra respuesta.

El viaje incluía la visita a Eurodisney. Mis sensaciones in situ chocaron bastante con la idea que tenía sobre él. Vi un gran parque de atracciones que puede estar muy bien para los más pequeños pero a las personas mayores, en mi caso al menos, dice bastante poco. Tampoco me agrada mucho todo ese embadurnado americano que cubre el parque entero, con sus ranchos y tabernas típicas, su música y demás elementos y motivos, que también es una forma de colonización. No es más que una opinión y soy consciente de que a mucha gente le encantó. Quede recogido también esto.

Nuestra estancia en París ha coincidido con el inicio de la campaña electoral de los comicios europeos del próximo día 25 de mayo. No nos hemos enterado de que tal cosa sucediera. En la calle no se notaba absolutamente nada. Lo cual no significa que en Francia no se hable de política. En los “telediarios” es constante la aparición de los lideres políticos que, más o menos, estamos acostumbrados a ver aquí. Hollande ocupa mucho espacio, junto a Poutin, Merkel, etc. Claro está que Rajoy no es tan visto como aquí.

En varios lugares hemos observado vigilancia militar en la calle, en Montmatre, Eurodisney, Arco del Triunfo, amén de algún desfile con motivo del Ocho de Mayo, Día de la Victoria europea en 1945, por parte de las fuerzas aliadas. Por lo que pude inferir de las manifestaciones de una de las guías que nos acompañó en varias visitas, el general De Gaulle es muy apreciado en Francia. A él atribuyen la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, cuya devastación fue enorme. No hablamos  sobre el papel que jugó De Gaulle en Argelia y sobre algunos hechos que no dejan en muy buen lugar a la armada francesa.

Como es lógico, visitamos algunos de los grandes monumentos artísticos como la catedral de Notre Dame, la torre Eiffel, Montmatre, Palacio de Versalles y sus jardines, la abadía Saint Michel, etc. Son preciosos, dignos de ver. Ahora bien, aparte de la lectura oficial que hacen los franceses (seguro que también alguno se mueve y no sale en la foto), se pueden hacer otras muchísimas lecturas. Se podría afirmar que de las 52 personas que componíamos la expedición cada cual hizo la suya y yo la mía, sin quitar ni un ápice a la grandiosidad que representan dichas obras. Son solemnes, a veces tétricos, y, sobre todo, ostentosos. Precisamente la ostentosidad es el objetivo de estas obras: mostrar al mundo el poder económico, militar, cultural, etc. Para mí tienen mucho de carácter persuasivo: exhibición de la fuerza ante cualquier eventualidad que pudiera venir del exterior.

Una vez más, nos encontramos ante la historia contada por los vencedores, por los pudientes, por los representantes del poder en general. Ahora que se habla mucho del “relato veraz de los hechos” y los científicos hablan de “todas la historias posibles del universo”, ¿no tendrían que intervenir los historiadores y sacar a la luz algunos datos como quiénes trabajaban en tan maravillosas obras, en qué condiciones, cuántos morían, qué trato recibían, etc. etc. Para mí es muy importante, aparte de la percepción inmediata de las cosas y lo que nos cuentan los expertos sobre el arte, mirar también el lado humano. Acordarse también de las personas que les tocó vivir una durísima epopeya, hasta que hallaron la muerte y se despidieron de este mundo.

A lo largo de la visita a un castillo, escuché que una cierta reina disponía de más de 600 caballos y de más de 2.500 carrozas, mientras el vulgo caminaba descalzo por pedregales y andurriales. La historia se repite. ¿Cuántos aviones de combate habrá apostados estratégicamente en el ancho mundo de las terribles injusticias, mientras cada medio segundo muere un niño de enfermedad (curable) y de hambre? Por lo tanto, lo que hemos visto nos debería servir también de llamada a nuestra conciencia, como una invitación a despertar; despertar a la compasión, empatía y a la solidaridad.

Hemos visitado varias iglesias. En una de ellas asistimos a misa, oficiada, precisamente, por el promotor de esta excursión. Fue un acto muy hermoso. Estuvo muy acertado en su homilía, dentro de la visión que él tiene de la Pascua, sin perjuicio de que otros puedan tener otra perspectiva diferente.

También hemos podido ver otras celebraciones. Celebraciones muy solemnes y con mucho boato, con un Jesús convertido en objeto de culto. Y me surge la duda de que si estas celebraciones muestran el verdadero y completo rostro del Maestro de Nazaret. Yo entiendo que al sagrario solo puede acercarse uno con las manos “manchadas”, manchadas en el trabajo por los más desfavorecidos.  Pienso que la fe tiene que mover montañas a favor de la Vida para que esta fluya de igual manera a través de cada ser humano. La fe, tanto en Francia como aquí, debe mover las montañas de la Consciencia y de la Verdad.

Y acabo. Ha sido un viaje muy positivo donde en todo momento ha reinado un ambiente inmejorable entre todos nosotros. Eso sí, con algún que otro percance o incidente pero todos ellos superables. Hemos venido muy contentos con lo que hemos visto y prendido y las conclusiones que hemos podido extraer. No me queda más que dar las gracias a Victor, artífice de esta aventura parisina. También gracias a Alberto, el acordeonista,  que tanto humor y jovialidad derrocha. Gracias a los que más han colaborado para que todo saliera bien, especialmente a Félix, el chófer. ¡Hasta el año que viene!

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