Perdón y Justicia

Ciertas peticiones de perdón “huelen” muy mal: la proximidad de unos comicios electorales está influyendo de manera decisiva en ello. No cabe duda de que se ha puesto de moda “pedir perdón”. Parece que está cundiendo el ejemplo de Juan Carlos: «Me he equivocado, no volverá a suceder». Hoy en día se pueden contar en España por cientos entre los que “piden perdón”, como Rajoy, y los que “se lamentan” de lo ocurrido, como Esperanza Aguirre. Parece más un acto atrición que de contrición.

Traigo a colación estas dos palabras porque esta mañana he oído a una tertuliana decir que “lo del perdón” viene de la cultura cristiana. Pero digamos con claridad que para obtener el perdón, también en la cultura cristiana, es condición sine qua non restituir lo que se ha hurtado. Y más allá de la cultura cristina, o al margen de ella, están la ética y justicia. El que ha delinquido no solo tiene que devolver lo robado sino que tiene pagar la sanción correspondiente por sus prácticas delictivas continuadas contra el bien público desde una posición de privilegio de ostentación de un cargo político.

Así como la garrapata o el arañuelo revienta por chupar demasiada sangre, aquí también ha llegado el escándalo a tal punto que no le quedaba otra vía de escape que el estallido. Y yo no veo, por ningún lado, un sincero propósito de enmienda. Los implicados siguen negando la mayor y buscando todo tipo de artimañas para salir de esta. Que nadie “baje la guardia” ni se llame a engaño. Aún estamos por ver más cosas escandalosas aunque, a estas alturas de la película, va mermando nuestra capacidad de asombro a pasos agigantados.

Espero y deseo que la justicia haga todo lo posible por esclarecer esta trama y todas las tramas. Creo que no solo deben dimitir los imputados sino también los responsables políticos bajo cuyo mandato se han cometido estos hechos presuntamente delictivos. En muchos casos, una mínima decencia y honradez exigiría que algunos, imputados o no, desaparecieran para siempre de la escena política.

Pero estoy convencido que nadie se va ir por su propio pie. Los tendremos que echar. Me exijo a mí mismo y pido a los demás que no se olviden, a la hora de votar, lo que ha ocurrido en este país. Debemos estar dispuestos a castigar en las urnas a los partidos que tanto desastre y dolor nos han traído.

Escribo estas líneas desde mi condición de ciudadano de a pie. Y lo hago sin ningún tipo de odio y rencor, pero sí con un enorme anhelo de justicia. Lo importante no es pedir perdón, menos con esa musiquilla de fondo que suena a electoralismo. Lo que queremos es justicia, ecuanimidad, devolver lo sustraído y cumplir la condena.

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