Hablando en silencio

Tengo un pequeño jardín. Se abre al cielo entre varias casas. Nunca me falta la visita de una golondrina. Golondrina. Pequeña golondrina construyendo el nido con la cola pegada a la fachada de la casa. Observo que una pareja se afana en rematar definitivamente el nido comenzado el pasado año. Ayer les dije que andaban un poco tarde, pues un nido tiene mucho trabajo en asentarlo bien bajo el saliente del tejado sobre la fachada. Pero hoy veo que prácticamente lo tienen acabado. Les resta que la hembra ponga huevos y entre ambos los incuben y cuiden a los polluelos, limpiando y alimentándolos.

Asimismo ronda por el jardín una lagartija. Siempre la misma. La distingo por su seccionada cola, al salir del agujero de la pared. En un primer instante se queda mirándome fijamente, luego reemprende el camino. Vuelve y se pierde por el mismo agujero de donde había salido. Creo que el intervalo lo aprovecha para la “caza”. Aunque pequeño, su estómago también necesita comida. ¡Qué animal más entrañable la lagartija! ¿Por qué se les llama a algunas personas, en plan ofensivo, “lagartija”? No tiene sentido.

Como veis, paso mucho tiempo en el jardín, dedicado a la contemplación y al trabajo. Trabajo. Soy “brazo” de Dios. Por cierto, no es verdad que Dios descansara el séptimo día. Dios, con su infinita lucidez, vio que hay tareas que no pueden acabarse sino dejando de trabajar, y se deshizo de las herramientas poniendo en nuestras manos la continuidad de su obra. Por ello, somos brazos de Dios, y su rostro, y Él Vida que ve a través de nuestros ojos.

Pero no es verdad que Dios solo se parezca al ser humano. El rostro de Dios semeja todas las imágenes del mundo. Se parece a la golondrina, a la lagartija, a los montes, al mar, a las estrellas, a la paloma y a la culebra, al cordero y al lobo…Todo lo existente es eco de Dios, todo es apariencia de Dios (Tao, Logos, Brahman…). Dios (Tao…) es el fondo último de Lo Que Es.

Por otra parte, debo preguntar por qué Dios, cuando yo era niño y no tan niño, era tan temible. Ahora está muy cambiado, casi desconocido. Se ha vuelto mejor. ¿Habrá cambiado porque ha envejecido? No. Dios no envejece. Siempre es ahora. En realidad, Dios no ha cambiado. Somos nosotros los que nos hemos despojado de las viejas “gafas” de la conciencia mítica.

(Traducción libre y resumen del artículo publicado en Bai Horixe, DV, 11/06/2015) 

 

 

Esta entrada fue publicada en 2 Espiritualidad/Reflexión y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s