UN AMIGO ME ACONSEJA HACER UN CAMINO INTERIOR:

Para caminar, primero desamarrémonos los pies / (Con frecuencia malandamos con los pies atados) / Y, sin otro preámbulo, atendamos al entusiasmo de cada paso.

Caminemos celebrando el doble anclaje de los pasos: el que nos afirma en el suelo y  el que nos cuelga del viento / (Viajeros de tierra adentro y de todas las estrellas).

Si en el camino un niño, “¿para qué caminamos?”, pregunta:/ “Para conocer dónde  nace el río / Para saborear el agua de montaña / Para sincronizarnos con el viento /  Para verternos en la espaciosidad sin alfabetos”, respondamos / (El niño  comprenderá,  sus ojos son pequeños pero ven cosas enormes).

Caminemos haciendo caso omiso del viento en contra —las quejas son roedores que  agujerean el ánimo; no podemos detenernos a construirles madrigueras.

De trecho en trecho, hagamos pausas / Para mirar alrededor  y que nos atraviese el  arte / Para, en los silencios, ir más allá del pensamiento / Para, cerrando los ojos, oír  cómo la luz se nos va para adentro / Para respirar conscientemente la conexión con  todo.

Caminemos dejando que nos lleguen los susurros de los pasos de otros / (“El que  anda a la escucha no es impasible”) / Si escuchamos ya no andaremos mendigando  misericordia; /simplemente dejaremos que la compasión ocupe todo nuestro espacio  / Permitámonos ese cielo.

Con el que está en forma caminemos ágiles / Vayamos despacio con el lento, sin que se percate / Que con nosotros el cojo se olvide de que es cojo / Y que el débil sienta que  lo suyo “no es para tanto”.

Caminemos cantando / Podemos comenzar con Silvio: / Vamos a andar,  para  matar al egoísmo y revivir la amistad / Vamos a andar para alzar al perezoso y  sumarlo a los demás / Vamos a andar para que no haya soledad / Vamos a andar para  llegar a la vida.

No caminamos para llegar al paraíso: / por el pequeño vacío de ojo de aguja que  somos / ya puede verse toda la constelación  giratoria de estrellas  / No vayamos  presurosos a por uvas: / Ya estamos en medio de viñedos bien cargados.

[Pero… ¿cómo hablar de ese otro andar, el del que camina presuroso para salvar  su vida? / ¿Qué decir del que sale corriendo de la guerra y encuentra que se le cortan  los caminos? / ¿Hay palabras para los que ponen alambradas? / Se asfixian los cantos cuando a los que necesitan caminar se les acaba los pasos.

Carlos Villalba

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