¿Quién soy? Los límites de la mente.

¿Quién soy yo? En rigor, esa es la primera pregunta. La respuesta adecuada a la misma nos libera de la ignorancia, de la confusión y del sufrimiento. Nos hace libres.

Porque el objetivo de nuestra vida no puede ser otro que el de vivir lo que somos. Y eso no es algo que debamos “alcanzar”, “conseguir” o “lograr”…, sino, sencillamente, reconocer. Se trata de caer en la cuenta o comprender quiénes somos. Al comprenderlo, emerge la plenitud, la sabiduría y el gozo.

Dicho de otro modo: la causa de nuestro sufrimiento no es otra que la ignorancia o inconsciencia de nuestra identidad profunda. Por tanto, la liberación del mismo viene de la mano de la comprensión.

¿Cómo comprender? Es decir, ¿desde qué lugar responder adecuadamente a aquella pregunta? Porque la respuesta puede venir de la mente en cuanto capacidad de razonar, o puede surgir en lo que, de momento, llamaremos “experiencia no mediada por la mente”. Las diferencias, según lo hagamos desde uno u otro lugar, serán decisivas.

Cualquier respuesta que provenga de la mente será necesariamente reductora, por dos motivos: porque la mente es solo una parte de nuestra identidad, y porque únicamente puede operar delimitando aquello a lo que se refiere, es decir, objetivando.

La mente es incapaz de decirme quién soy yo; me ofrecerá solo una “idea del yo”, un mero concepto que, forzosamente, me objetivará. Para ella, soy únicamente un yo individual y separado (un “objeto”). Precisamente por eso, debido a su carácter reductor, las respuestas que ofrece la mente no logran sacarnos de la ignorancia ni liberarnos del sufrimiento.

La mente es una herramienta admirable…, siempre que ocupe su lugar. Como escribe la doctora Joan Borysenko, “la mente es un siervo maravilloso, pero un amo terrible”.

Porque tiene límites muy claros, que necesita reconocer humildemente: solo puede trabajar en el mundo de los objetos –pensar es objetivar- y se convierte en tiránica cuando se arroga cualquier tipo de protagonismo.

Con otras palabras: la mente no puede captar lo que no es objeto. Pero existe un modo de conocer previo a la razón, al que nos referiremos en la  próxima entrega.

Enrique Martínez Lozano

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