Las frustraciones y el consuelo

Las frustraciones están a la orden del día en nuestra vida. Nadie está vacunado contra las frustraciones, nadie es inmune a ellas. Es verdad que unos saben mejor que otros abrir el camino con el viento en contra. Los psicólogos nos hablan de resiliencia que es un término que significa capacidad de oponer resistencia o salir airosos de situaciones comprometidas y duras. En otras palabras, la  resiliencia es la capacidad de sobreponerse a los golpes de la vida.

Hay personas que sucumben con facilidad ante las adversidades, no ven más que el túnel negro. ¡Siempre el túnel negro! Tienen poca o nula capacidad de reacción. Caen con suma facilidad en estados depresivos. No se afirma que las personas con resiliencia no sufren, pero hay quien abandona con mayor diligencia la rumia, el dar vueltas a la cabeza, y acepta, sin resignarse, la situación. Entiende que el dolor y las situaciones adversas son parte de la vida. Es verdad que con el tiempo y con el cambio generacional hemos ido perdiendo la capacidad de aguante, soportamos cada vez menos y nos enfadamos con mayor facilidad.

Sin embargo, desde niño y en todas las culturas ha tenido que aprender la persona a vivir con sus frustraciones. No existen, en parte alguna, rosas sin espina. Pero no nos cansamos de procuramos consuelo por todos los medios y en todas situaciones. Decimos, por ejemplo, “les he pedido un ordenador a lo Reyes Magos, pero, aunque no es lo mismo, al menos me han traído un móvil; yo pretendía ser escritor, pero, aunque no es lo mismo, al menos escribo en mi blog y la gente me lee; yo quería jugar en el Barça, pero, aunque no es no lo mismo, al menos puedo jugar en el Eibar”, y así sucesivamente.

Vendrán los achaques de la edad y se acabarán las visitas a la sidrería y nuestra respuesta será “en la sociedad se cena de maravilla?”; nos atacará la alopecia y “sin pelo pero ¡bien guapo que estoy!”; nos jubilaremos y nuestra economía caerá, pero seguiremos en la misma línea: “un jubilado no necesita tanto”; llegará un momento en que no podremos salir de casa sin ayuda y “donde mejor estamos es en casa”.

Nuestra vida tiene mucho de la fábula del zorro y las uvas verdes. Nunca nos damos por vencidos… pero tampoco convencidos.

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