Cosas curiosas de Aralar

La villa de Zaldibia tiene, fuera de sus danzas y sus hijos ilustres, un pasado silencioso y monótono como el silencio de sus cumbres y de sus caseríos. Apenas hay nada especial , si no es un modo de vida muy distinto , lleno de menudencias pintorescas. Sin embargo , en el curso apacible de su historia existen ciertos hechos, ciertos sucesos que, salvándose de la fugacidad del tiempo en que tuvieron lugar, llegan hasta nuestros días retratando una época y definiendo todo un ambiente.

Esta vez nos llegan hechos desde Aralar, de este patriarcal y legendario monte, ceñudo y austero cuando voltean al aire nuestras campanas en son de fiesta patronal. Un poco más tarde nos enviará apretados y rumorosos, envueltos en el chasquido de silbidos de pastores y mastines los recentales, camino de Vizcaya. Y eso constituirá la clásica estampa otoñal de la pastoril Zaldivia.

Me place por un momento cerrar los ojos y entregarme a la evocación. Me sitúo en el año 1500 en cualquier punto de la circunscripción de la villa. El lugar es abrupto y más bien desierto , cerrado por todos los lados de maleza y bosques. Aun no puedo darme cuenta, habituados los ojos a los campos de trigo, maíz, etc., de la frondosidad enmarañada de aquella vegetación, que hacía tan distinto el paisaje de Guipúzcoa y que era albergue apropiado de osos, lobos, jabalíes, gatos monteses y zorras. Y son tantos en número los carniceros que acosan  a los rebaños del monte Aralar en el siglo XVI, que los representantes de los pueblos interesados en la Unión de Enirio y Aralar , reunidos en Zaldibia el 20 de Mayo de 1578, se ven precisados a redactar una ordenanza , por la cual señalan de premio a cada uno que matare un oso seis ducados o sea 16,50 pts de nuestra moneda y por un lobo dos ducados y por un obillo dos reales.

En las cuentas de Villafranca aparece que desde el año siguiente de 1579 al de 1608 se pagaron en premios a los cazadores por matar durante ese tiempo 19 osos , 7 lobos y una onza brava. En tiempos más cercanos a los nuestros consta que se mataron un oso en el término de Gaviria en 1658 y otro en Aralar en 1735, el cual pesó 87 Kg quitada la piel y estuvo expuesto en el patio del palacio del Marqués de Valmediano en Villafranca. Según Iztueta, los de Idiazabal cogieron en cepo hacia el año 1776 un tigre corpulento que peso 39 Kg.

Pero entre todos los carniceros, el lobo es el que más ha abundado y sobrevivido en el territorio de Guipúzcoa, como lo prueba el grande número de lugares que llevan su nombre, que en vascuence es otsoa. En Zaldibia no faltan caseríos de este nombre.

Muchos medios contribuyeron a la desaparición del lobo de los límites de Aralar. Fuera del cepo, la trampa y el perdigón lobero, el empleo de la estrignina. Para ello tenían los pastores a sueldo a hombres expertos a quienes notificaban la aparición del animal. Estos prácticos recorrían los caminos y sendas llevando a rastras tripas de animal y colocando de trecho en trecho celas de sebo con restos envenenados de una res. El lobo sigue el rastro sin desviarse, hasta tropezar con la estregnina.

Durante la nevada de 1895 este procedimiento dio lugar a una seria disputa entre nuestros vecinos y los de Ataun. Pusieron los zaldibitarras en los montes de la Unión de Aralar una cabeza de burro envenenada con estrignina y los de Ataun en su término una cabeza de cabra, dispuesta de igual forma. Al visitar sus correspondientes cebos a la mañana siguiente, se encontraron los nuestros con una zorra grande, un águila enorme, cuyas alas median dos metros y medio, y un hermoso lobo de 49 kg, todos los cuales perecieron a muy corta distancia del punto en que quisieron celebrar el festín.

A su vez los de Ataun, al girar su vista a la cabeza de cabra, observaron en la nieve rastros de un lobo, que depués de haber gustado el cebo, se había retirado en dirección de las montañas de Zaldibia. Al enterarse que los de esta villa habían cogido un lobo, creyeron que el que se envenenó con el cebo puesto por ellos y reclamaron la presa. El alcalde de Ataun a quien acudieron las dos partes a recabar el certificado con el que habían de presentarse a cobrar 375 pts, que por una sociedad de pastores estaba asignado al cazador que diera muerte al lobo, se vió perplejo ante las razones que alegaban ambas partes, porque no resultaba fácil el averiguar si la cabeza de burro o de cabra había ocasionado la muerte de la fiera.

No fue el Alcalde de Ataun del parecer de Salomon que empleó en el famoso juicio del niño el procedimiento de partirlo en dos pedazos para dar uno de ellos a cada parte. Uso otro medio más ingenioso: llamar al veterinario y mandarle que abriera el vientre al animal. Hízose así y le encontraron una oreja de burro que el tósigo no le dio tiempo a consumir. La prueba no pudo ser más concluyente y quedó el lobo adjudicado a los zaldibitarras.

Pero Aralar no sólo ha sido lugar de fieras, con las que se han tenido que enfrentar nuestros antepasados, sino también lugar legendario de gentiles que ha excitado siempre la curiosidad de minas y oro. Era creencia general en Guipúzcoa. También en algún tiempo realidad, porque el ilustre viajero Micer Andrés Navajero a su paso por Zegama y Segura para la Embajada en Venecia el año 1524 dice que en dicha comarca de la parte alta de Guipúzcoa se sacaba mucho hierro y zumaque.

Fue en 1735 cuando comenzó la explotación de las minas de cobre del término de Arritzaga en el monte Aralar y continuaron los trabajos durante 65 años habiendo tomado estos el incremento que supone el número de 300 hombres y las dos ferrerías que por cuenta de la sociedad se montaron para batir el cobre en el mismo sitio, con chozas capaces para albergar tantos trabajadores y capilla con su sacerdote. La abundancia de hierro y cobre explica muchas ferrerías de entonces en Guipúzcoa y una famosa feria de objetos fabricados con estos metales que congregaba mucha gente de pueblos próximos y limítrofes de Navarra por estas fechas aquí en Zaldivia.

Proseguían todavía los trabajos en las minas de Aralar el año 1787 cuando el párroco de Zaldibia Don José Ignacio Echave, vió brillar aureas piritas en las rocas calizas del término de Aitzarte de su jurisdicción y fiando en la experiencia de los citados mineros, consiguió que le dejase la sociedad 16 hombres con su capataz. Pronto tuvieron éxito satisfactorio, aunque relativo. Consiguieron recoger piritas de oro de tres onzas y dos ochavos de peso. Su recolección había costado cuarenta onzas de oro, o sea once veces más del valor de lo que se había extraído.

Vamos a terminar. Otra vez Zaldibia, bello y apacible rincón acogido al amparo de Aralar , conocido por muchos como cuna de Iztueta , Lardizabal , Jáuregui, y P. Lizarralde y por otros por sus picantes mondejus , truchas finas  y sabrosos quesos, se dispone a celebrar, cada año con más afán de superación las fiestas patronales, con sus correspondientes actos religiosos y populares, expresión de su acendrada y multisecular fe y buenas costumbres. Que jamás falten y mengüen en la tierra que se envaneció de ser relicario de ellas. Desde esta ventana al aunque nos asomamos y pensamos asomarnos cada año, un saludo cariñoso a todos los “errikosemes” y el deseo de una honesta diversión. Que a todos acompañe la paz y la alegría nacidas de un corazón recto. Y lanzamos con esto el primer cohete..¡Viva Zaldivia!

Por José Garmendia Arruebarrena
Edición Rufino Iraola Garmendia

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